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AUDITORÍA · CONTROL INTERNO · ANÁLISISÉTICA · TRANSPARENCIA · CUMPLIMIENTO
AÑO I · EDICIÓN N.º 001MIÉRCOLES, 14 DE OCTUBRE DE 2026EDICIÓN DIGITAL

Reflexiones

¿Quién quiere veinte dólares?

Un conocido conferencista comenzó su seminario sosteniendo en alto un billete de 20 dólares. Frente a un auditorio de unas doscientas personas, preguntó:

—¿A quién le gustaría tener este billete?

Muchas manos se levantaron de inmediato.

Entonces dijo:

—Voy a darle este billete de 20 dólares a uno de ustedes, pero antes déjenme hacer algo.

Acto seguido, comenzó a arrugar el billete entre sus manos. Cuando terminó, lo mostró nuevamente al público y preguntó:

—¿Quién todavía lo quiere?

Muchas manos volvieron a levantarse.

El conferencista continuó:

—Muy bien, ¿y qué tal si hago esto?

Tiró el billete al suelo y comenzó a pisarlo con su zapato. Luego lo recogió. Ahora estaba arrugado, maltratado y sucio.

Una vez más preguntó:

—Ahora, ¿quién lo quiere?

Nuevamente, muchas manos se levantaron.

Entonces el conferencista les dijo:

—Amigos míos, hoy han aprendido una lección de gran valor. No importa cuánto haya arrugado, ensuciado o pisoteado este billete; ustedes todavía lo quieren porque, a pesar de todo lo que le ocurrió, su valor no cambió. Sigue siendo un billete de 20 dólares.

Muchas veces sucede algo parecido con nuestra propia vida. Las decisiones que tomamos, los errores que cometemos o las circunstancias difíciles que enfrentamos pueden hacernos sentir golpeados, arrugados o derribados. En ciertos momentos podemos llegar a pensar que hemos perdido nuestro valor.

Sin embargo, lo que nos ha sucedido no determina cuánto valemos delante de Dios. Podemos sentirnos débiles, heridos o marcados por las dificultades, pero nuestro valor permanece.

Para Dios seguimos siendo importantes. No importa si atravesamos momentos buenos o difíciles, si nos sentimos fuertes o quebrantados: Él continúa mirándonos con amor y cuidado.

“Guárdame como a la niña de tus ojos.”
Salmos 17:8

Pensamiento

El verdadero valor de nuestra vida no depende únicamente de lo que hacemos, de nuestros éxitos, de nuestros fracasos o de lo que otros piensen de nosotros. Nuestro valor también se comprende a la luz de lo que Dios ha hecho por nosotros.

Eres especial para Él. Nunca lo olvides.

Emory Ediger

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