Por qué no entiendes el control interno (y cómo empezar a entenderlo hoy)

Si sientes que el control interno es un tema pesado, lleno de palabras técnicas y difícil de aplicar, no eres el único. La mayoría de las veces el problema no es tu capacidad, sino el enfoque con el que intentas estudiarlo. 
En lugar de comenzar por definiciones formales, comienza por la realidad. 
Imagina que estás evaluando una pequeña fundación que recibe donaciones en efectivo y descubres que la misma persona recibe el dinero, lo registra en un cuaderno, lo guarda y lo deposita días después.
Ahora pregúntate con honestidad: si algo sale mal, ¿Quién lo detecta? Probablemente nadie. Ahí, sin usar ninguna definición técnica, ya estás entendiendo el control interno. Se trata de identificar qué podría salir mal y cómo evitarlo. 
Empieza a pensar como analista: 
¿hay separación de funciones?, 
¿alguien revisa lo que hace quien recibe el dinero?, 
¿existe documentación que respalde cada operación?, 
¿hay supervisión? 
Si varias respuestas son negativas, entonces existen debilidades de control interno. 
Lo interesante es que todo lo que acabas de hacer tiene nombre en la teoría, pero la teoría no es el punto de partida, es la explicación de algo que ya comprendiste de manera lógica. 
Separar funciones, supervisar, documentar y prevenir errores no es un concepto abstracto; es sentido común organizado. 
Cuando estudies este tema, cambia la pregunta de 
“¿qué es el control interno?” por “¿qué controles pondría yo para evitar problemas en esta organización?”. Esa forma de pensar transforma el estudio en análisis. Y cuando entiendes la lógica primero, las definiciones dejan de ser complicadas porque solo están describiendo algo que ya tiene sentido para ti.

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